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DOBLE MORAL MEXICANA

por Lázaro
DOBLE MORAL MEXICANA

Nunca me ha gustado etiquetar a las personas pero estaría mintiendo si dijera que no lo he hecho. Es más, lo hago todos los días.


Supongo que es la manera más fácil de “agrupar” a los individuos con los que interactuamos y hasta aquellos con los no interactuamos. Estamos tan cómodos con los prejuicios que con tan solo ver, escuchar o incluso oler a otra persona inmediatamente podamos encasillarla dentro de algún concepto creado por alguien más.


Lo mismo pasa con la nacionalidad. Sabemos –por alguna razón– que los gringos son consumistas, que los canadienses son aburridos, que los chinos huelen feo al igual que los franceses, que los japoneses son muy disciplinados y que los alemanes son súper exitosos, que los ingleses son muy educados y que los argentinos muy presumidos.


En fin, estoy segura que si les preguntara cómo piensan que son los [inserte nacionalidad aquí], sin dudarlo un momento podrían darles un adjetivo calificativo que la mayoría de las veces no es verdadero, pero que en ocasiones es el único conocimiento que tenemos de ellos.






Evidentemente los mexicanos no nos salvamos de esto y sabemos que para fines internacionales no pasamos de flojos, ignorantes, pistoleros que van en burro con sombrero y toman tequila (porque aunque suene a cliché así es como nos ve cualquiera que no haya venido). Y si a eso le sumamos la constante violencia en la que vive nuestro país, el “escape” del Chapo, el chiste que tenemos como presidente y que #noerapenal, no hay ni como defendernos.


¿Pero en verdad queremos defendernos? ¿No somos nosotros los primeros en atacarnos? ¿Qué es lo que piensa realmente un mexicano de otro mexicano? ¿Cómo podemos hacer que los extranjeros cambien su forma de pensar de los mexicanos, si ni siquiera nosotros sabemos cómo son los mexicanos? Por eso les decía que no me gusta encasillar ni juzgar y por eso como bien decía Benito Juárez (o al menos eso me han dicho), el respeto al derecho ajeno es la paz y punto.






Con esto me refiero a que agua que no has de beber déjala correr; a que tomes lo que vaya contigo y lo que no, lo respetes; a que juzgar a los demás es lo más ignorante que una persona puede hacer, porque como bien dice la palabra ignoras muchas cosas y sería poco inteligente basarte solamente en lo que conoces; a que todo es cuestión de perspectiva y que los invito a aceptar, o al menos respetar, lo que es diferente a lo que uno quiere/piensa o a lo que le han dicho que debe ser.


Evidentemente todos los extremos son malos y hay cosas –como la violencia– que por más que lo intentemos ver desde otra perspectiva, pues nomás no se puede entender, pero esto no va por ahí.


Esto va por el lado de la doble moral del mexicano. De cómo por un lado se busca una igualdad de género pero por el otro la mujer quien debe ocuparse de las tareas del hogar. O cómo una mujer quiere la traten igual que a un hombre pero se ofende si sale a una cita y no le pagan todo. O esa doble moral mexicana en la que un hombre que consigue muchas mujeres es un chingón y una mujer que sale con varios hombres es una fácil (bienvenidos al 2015, chav@s).


O de cómo una persona que fuma marihuana regularmente es un junkie, mientras que alguien que se pone hasta las manitas cada fin de semana no tiene problema alguno. O la súper doble moral de la gente que atribuye la violencia del narcotráfico a la gente que consume drogas pero cree en una institución que ha perseguido y matado gente desde que se creó hace siglos. O la doble moral de dar limosna en la iglesia pero no poder darle ni un peso a las personas en la calle porque seguro la van a usar en cosas inapropiadas (como si los padrecitos fueran tan santos).


O esa doble moral que llamamos política en la que gente que no le interesa ni un carajo ayudar a las personas que de verdad lo necesitan son quienes más tienen. O aquella doble moral de quien se queja de la corrupción en el país pero que no respeta ni la fila para ir al baño.






Esa es la doble moral mexicana… Nuestra doble moral, mexicano. Y una que mientras no cambie solamente perjudicará a nuestro país y a nosotros mismos. Una doble moral que muchas veces está formada por una mentalidad llena de culpa; una culpa implantada por la sociedad, por nuestros amigos, por nuestra familia, por nosotros; una culpa que llega siempre que no hacemos lo que “debemos” hacer y que muchas veces ni siquiera es lo que QUEREMOS hacer; una culpa que desaprueba lo que es diferente y que proviene del miedo a lo desconocido, a no ser como los demás, a no ser normal. Pero en realidad lo normal es tan subjetivo como lo diferente.


Todo es cuestión de ser abierto de mente y de espíritu, de buscar lo que nos hace feliz y lo que amamos, de amarnos, de tener la valentía para hacer lo que quieres y la humildad para reconocer cuando juzgas… Y sobre todo, de aceptar que cada quien tiene derecho a hacer lo que quiera y a ser feliz de la manera que quiera. Así que, chido tu trip.


Nota del autor: Cuando me invitaron a participar en este proyecto me emocioné mucho, la verdad. me sentí muy halagada no solo porque me di cuenta que mi manera de pensar y actuar le parecía lo suficientemente interesante al creador de este sitio web como para incluirme, sino también porque desde hace mucho quiero escribir y esto me pareció una excelente forma de iniciar.




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