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DURMIENDO PARADO EN LA PRISIÓN

por José Alejandro Zuniga Gutiérrez
DURMIENDO PARADO EN LA PRISIÓN

Una mona, un activo, varios “viene vienes”. Recuerdo cómo era pasar por la calle Puebla, cerca de la Glorieta de Insurgentes en la Roma Norte. Carnitas con olor a miados, tortas de pavo, sex shops y asalariados trajeados.


El estar en metrobús con dirección a Indios Verdes a las 8:50 AM, convertía el vehículo en una prisión, un infierno sobre ruedas. Al bajar de éste, mi estado de ánimo cambiaba. No sabía si era la contaminación, la pesadumbre por ir al trabajo o solamente temor. Pasaba diario por la calle Puebla, esquivando los puestos de tacos y a varias personas durmiendo sobre la banqueta.   Prender un cigarro o darle un trago a una botella de agua, siempre era un error. El olor a alquitrán era como una alarma de reloj. Todos aquellos seres que yacían dormidos, despertaban al verme pasar. “Ey carnal, ¿no me regalas un cigarrito?”, me preguntó mientras se sacudía  unas migajas de pan del bigote con una franela roja. Lo rechacé y pasé de largo. Después de haber dado varios pasos, escuché ”¡Pinche terrorista mamón!” Tomé aire, regresé y le regalé una cajetilla a la mitad. No quería conseguirme futuros problemas, no quería cambiar la ruta que tomaba a diario.  






Después de un par de meses, conocí a Rogelio, el líder de los cuidadores de esa calle. Estaba esperando a un compañero de trabajo a la salida de la sala Puebla, mientras cuatro seres me rodearon para pedirme una ayudadita. El primero quería que le consiguiera un mazapán, el segundo que le comprara una torta. El tercero que le diera mi botella de agua, y el cuarto, que intercambiaramos de vestimenta. Estuve dispuesto a cambiarle mi camisa, pantalones y cinturón; por su franela. Me habría encantado el olvidar todas las cosas de mi vida, para solamente sentirme colocado. Las 24 horas del día, los 7 días de la semana. Adiós hermanos, adiós papás, adiós novia, adiós trabajo y hola resistol 5000. En ese momento Rogelio, se acercó a sus compañeros y a mí, “¿Lo andan jodiendo estos cabrones patrón?” Yo no respondí. Entonces, los franeleros se fueron, dejándome solamente con Rogelio.






“No se preocupe patrón. Estos namás quieren varo para su mona. Yo los controlo, aquí nadie se pasa de verga con la gente y menos con usted. Ya sé que pasa diario por aquí, siempre lo veo”, me dijo Rogelio.


Semanas después, comencé a intercambiar saludos y palabras con Rogelio. Cuando me sobraba la mitad de una torta o porción de comida, se la guardaba. “Gracias jefe. Nosotros le damos al jale, nos portamos bien, cuidamos y lavamos coches. No quiero regresar a la cárcel. Ya estuve mucho ahí, no aguantaría regresar”. Al preguntarle el tiempo y la razón por la que estuvo adentro, contestó: “Fue por robar coches. Me dieron 15 años. Salí por portarme bien”.






Rogelio recuerda cómo era vivir en el Reclusorio Preventivo Varonil Sur, el tipo de comidas que le daban, la higiene del lugar y la forma en la que dormía día a día. “Era una celda, según para 10 cabrones, ¡pero nos metían ahí a 50! Si te acostabas en el suelo, te pisaban  y podías morir. Lo mejor era dormir parado. Parecía una caja de alfileres, 40 cabrones durmiendo parados”.  Al preguntarle de las consecuencias que conllevaba en los reclusos el dormir de pie, Rogelio dijo: “Pues les da “la morada”. Las patas se les ponen hinchadas como elefante, grandes y de la verga. Vi a varios que se las tuvieron que mochar, ya no les funcionaban”.


El Distrito Federal cuenta con 10 reclusorios en su territorio, 8 varoniles y 2 femeninos; en donde todos estos tienen dos cosas en común: la sobrepoblación de internos y las malas condiciones de vida. El pasado mes de Enero, la Comisión Especial de Reclusorios de la ALDF, la CNDH y la Secretaría de Gobernación de México, informaron que durante el 2014,  el número de reos en el país incrementó a 233 mil 537 a nivel nacional, a pesar de que solamente hay infraestructura para 169 mil 900. Conforme a la capital, se cuenta con 40 mil 335 reos en centros que únicamente tienen capacidad para 22 mil 411 personas.


“Ahí sobrevives, no buscándote pedos con los líderes ni policías. Sacando chambitas para comprar comida y hasta papel de baño”, dijo Rogelio. “Ahí siguen mandando los narcos, si quieres vivir o tener hasta un espacio para dormir, debes seguir las reglas de adentro. Nada de rajar, sino ya valiste madre”.






Los autogobiernos dentro de las prisiones, dictan la forma de vivir de los reclusos. Quién come, quién se baña, quién tiene acceso al baño y hasta quién dormirá acostado. La CNDH a través del Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria 2014, otorgó una calificación reprobatoria menor de 3.64 a mayor de 5.77 a tres reclusorios en el D.F., dos centros de readaptación social femeniles y la Penitenciaria del DF de Santa Martha Acatitla, en los cuales evidenció el poder de los grupos delictivos en los centros de readaptación ante la ausencia de autoridad por parte de las instituciones.


“Yo mejor ya me porto bien. De repente me hecho unas caguamas o gallos. Nada de estopa ni esas mamadas. Imagínate, ahí dentro vendían una lata de activo en $500.00 varos, luego se antojaba, ¿pero para qué vergas?”






Rogelio salió un Domingo del reclusorio. Sin dinero, con unos pantalones que le quedaban nadando y sin apoyo de nadie. Por eso actualmente trata de arreglar la situación a su manera. Quiere convertirse en su propio salvador; quiere olvidar todo lo que vivió encerrado y así comenzar de nuevo.




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