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CUBA SIGLO XX

por El Ruso
CUBA SIGLO XX

La historia del siglo XX está llena de sucesos parteaguas, cada uno a su manera. La Primera Guerra Mundial demostró que las potencias europeas, por muy civilizadas que sean, siguen yendo a la guerra las unas con las otras.


La Segunda, cimentó el hecho de que ya no deberían de hacerlo, y degradó a la poderosa Alemania, que peleó tan duro por hacerse valer, al nivel de un Estado-tapón fragmentado. La Revolución Mexicana y la Rusa, que comenzó pocos años después, le demostraron al mundo que el socialismo y las revueltas populares son mucho más que teorías en papel. Las detonaciones nucleares en Hiroshima y Nagasaki fueron muestra clara de que la guerra de aniquilación total no es un concepto reducido a la ciencia ficción y la historia antigua. La Revolución Cubana de 1959 tiene mucho que ver con todos estos sucesos.


El embargo y la virtual desconexión de la isla, proclamados por los Estados Unidos a manera de castigo por la rebeldía ideológica que una isla comunista posaba en el escenario de puras dictaduras y pseudo-democracias "amistosas" a Washington, se volvieron un reto, y una bandera para el gobierno de Fidel Castro.


Sobrevivir a las sanciones americanas suponía demostrarle a todos que no sólo es posible un camino distinto, sino que es capaz de servir de reemplazo para el sistema actual. No es un mérito que se le adjudique a Castro a menudo, pero el hecho de haber retado al gran policía del siglo XX y no haber muerto poco después habla bien tanto de su cuerpo de seguridad, como de su habilidad para romper el status quo sin alterarlo demasiado.


Si no me creen, pregúntenle a Muammar Ghadafi, que decidió dejar de vender petróleo por dólares e inauguró la corta, pero invaluable, época del Dinario de oro.



Cuba,el único territorio clave fuera de control de la Casa Blanca



El castrismo y su supervivencia se vuelven incluso más sorprendentes tomando en cuenta el factor geopolítico. Cuba, la península de Yucatán y Florida son él triángulo dorado para una invasión seria a territorio estadounidense. Con Florida siendo territorio americano, y Yucatán siendo tierra aliada (prácticamente subordinada), la isla de Cuba se volvió el único territorio clave de la zona fuera de control de la Casa Blanca y, lo que es peor, bajo la influencia de su peor enemigo de esa época; la Unión Soviética.

Aparte de la mundialmente famosa Invasión de Bahía Cochinos, que sufrió un tremendo fracaso, se habla de alrededor de 640 atentados en contra de la vida de Fidel Castro entre 1958 y 2000, sin contar todos aquellos que nunca fueron del conocimiento de las fuerzas de seguridad cubanas. En sus apariciones públicas, el lider revolucionario de Cuba se ha declarado crítico de las acciones, a menudo ilegales, entrometidas y casi descabelladas, que el gobierno de Estados Unidos ha demostrado llevar a cabo a lo largo de los años. La propia isla de Cuba alberga la famosa cárcel de Guantanamo, conocida por ser una especie de limbo legal en el que sus dueños se dan la libertad de encerrar sin juicio ni razones, torturar y maltratar personas que, según ellos, son de dudosa procedencia.

Uno de los principales problemas que tienen los cubanos con Estados Unidos es precisamente ese pequeño territorio ilegal al Este del país. Hace un par de años, no se podría hablar siquiera de un reestablecimiento de relaciones diplomáticas con Washington teniendo ese "regalito" en territorio nacional. O eso decían en la Habana. Hoy en día, después de 25 años sin el apoyo económico de la Unión Soviética, las nuevas generaciones de cubanos sólo recuerdan a la Madre Rusia por su "Período Especial" y por lo falsas que resultaron las promesas de amistad y apoyo eterno, e incondicional.


La reapertura de sus respectivas embajadas en Estados Unidos y Cuba representa más que una nueva época de relaciones humanas, que nunca dejaron de estar ahí. No significa que, ahora sí, los americanos y los cubanos van a ser amigos y no van a odiarse mutuamente, pues eso nunca fue verdad. Lo que pasa es que el mundo está viviendo una reactivación de viejos conflictos territoriales, y las potencias emergentes del siglo XXI están retando el poderío mundial que los Estados Unidos luchan por mantener. Así, Cuba es para ellos un comodín que salió de pronto en la baraja, y que pensaban perdido hace tiempo en las manos de sus oponentes.





Antes de que el Granma zarpara de costas veracruzanas para hacer la guerra de liberación nacional en Cuba, la isla era prácticamente una colonia ultramarina de Estados Unidos. La lucha de independencia de Cuba del decadente Imperio Español llevaba ya treinta años de haber comenzado por ahí de 1868. Los españoles, apoyados monetaria y materialmente durante este tiempo por los Estados Unidos, se convierten en los claros perdedores para finales del siglo. Es ahí cuando Washington, decide intervenir del lado de los rebeldes, que para ese momento habían convertido la ocasional lucha de guerrillas en una guerra total en contra del Estado colonial. 

Así, en 1898, el USS Maine fue mandado al puerto de la Habana como parte de un movimiento mundial de la armada estadounidense en caso de que las "negociaciones" que llevaría a cabo con España no llevaran a un acuerdo. Este barco, supuestamente, estaba ahí para asegurar los intereses de los ciudadanos americanos que se encontraban en la isla. Sin embargo, el Maine se hundió el 15 de Febrero de ese año, provocando dos investigaciones paralelas de los Estados Unidos y España, que llegaron a conclusiones cardinalmente opuestas alrededor de un mes y medio después; los americanos declararon que el hundimiento se dio como consecuencia de una explosión externa, posiblemente de una mina subacuática, mientras que los españoles dijeron que la explosión fue interna.


A pesar de que nunca se obtuvieron, ni se publicaron pruebas contundentes al respecto, los periódicos New York World y New York Journal, de Joseph Pulitzer (tal vez hayan escuchado de él, irónicamente, por los Premios Pulitzer) y William Randolph Hearst (quien de ser el dueño hereditario de un periódico en San Francisco, se convirtió primero en un magnate de la prensa escrita, y luego en diputado por el partido demócrata en dos ocasiones), respectivamente. Cabe mencionar, que estos dos caballeros y la lucha constante que mantenían sus principales publicaciones por la preferencia del consumidor son ni más ni menos que las circunstancias bajo las que la prensa sensacionalista, o "amarilla", se convirtió en algo común. Para conseguir más lectores, los editores de estos periódicos sentían que era su deber publicar las noticias que fuesen, con tal de que generaran mayores ventas. 

Entre los sucesos más destacados que causó este uso indiscriminado del poder de convencimiento que representan los medios masivos de comunicación estuvo el hundimiento del USS Maine, o, más concretamente, el tratamiento que le dieron a la noticia los medios americanos.


“La única manera de hacer justicia es enseñarles a esos sucios españoles qué significa América”



Hay que aceptar que la guerra que Pulitzer le declaró a Hearst, y que se resumió en una gran desinformación del público en general tuvo sus raíces personales. En 1895, William Hearst compró el New York Journal. La ironía está en que se lo compró a Albert Pulitzer, hermano de Joseph. En todo caso, aún sin pruebas contundentes, ambos periódicos escalaron su discurso, llegando a nombrar a los españoles asesinos, y pronunciando lemas como "Remember the Maine". Si uno es bombardeado por esta clase de "noticias" durante el tiempo suficiente, terminará creyendo que, verdaderamente, en Cuba está sucediendo una guerra de exterminio, los Americanos fueron víctimas de una provocación terrorista, y la única manera de hacer justicia es enseñarles a esos sucios españoles qué significa América.

Los Estados Unidos entraron en la guerra decisivamente. Fuera de Nueva York y las grandes capitales del país el sentimiento generalizado era más bien de no-intervención, y se favorecía una resolución pacífica al conflicto independentista. El entonces presidente William McKinley le pidió al congreso que autorizara al presidente (o sea, a él mismo) el uso del ejército y la marina para asegurar un cese en las hostilidades entre "el gobierno de España y el pueblo de Cuba", así como asegurar el establecimiento de un gobierno estable que pueda mantener la paz y tranquilidad en la zona. A cambio, después de una semana de deliberación, el congreso Americano decidió reconocer la independencia del pueblo de Cuba, demandando que España deje la isla y se olvide de su autoridad ahí, y le dio órdenes (sic) al presidente McKinley de utilizar fuerzas militares terrestres y marítimas para hacer cumplir las condiciones mencionadas.





Algunas voces dentro de los Estados Unidos tenían más fuerza que otras. El Senador Henry Teller, quien venía de Colorado, donde estaba naciendo una industria de producción de azúcar, temía que la anexión de Cuba podía representar una fuerte disminución en los precios de este endulzante, y propuso una enmienda a la resolución del congreso. Esta enmienda aseguraba que el gobierno americano se comprometía a no ejercer soberanía, jurisdicción, ni control sobre la isla, excepto para su pacificación (sic), y a dejar a un gobierno local en control de la isla una vez que cesaran las hostilidades. La enmienda, junto con el resto de la autorización del congreso, fue aprobada el 19 de abril de 1898, el presidente la firmó al día siguiente, y le presentó un ultimatum a España, que respondió con un cese de relaciones diplomáticas el día 21 de abril. La guerra duró unos cuantos meses, hasta el 12 de agosto, pero el Tratado de Paris, que le dio fin oficial, se firmó el 10 de Diciembre.

El resultado del tratado es la cesión del control de Cuba, Puerto Rico, las Filipinas y Guam a los Estados Unidos. Eso, evidentemente, lanzó a nuestro vecino del Norte no sólo al rango de potencia mundial, sino también al de poder colonial, a pesar de no tener ni 150 años de independencia de Inglaterra sobre los hombros.


Puerto Rico sigue siendo una colonia americana, tal y como lo es Guam. Las Filipinas tuvieron su guerra de guerrillas contra los americanos y obtuvieron su independencia oficial en 1945. Cuba, sin embargo, fue y sigue siendo la cereza en el pastel geopolítico que representa el Atlántico para los Estados Unidos. Por ser la entrada a Florida, y a los estados del Sur, el nuevo gobierno cubano, establecido durante la ocupación americana, tuvo que firmar el Tratado de Relaciones Cubano-Americanas. En éste se estipulaban 7 condiciones que La Habana habría de mantener para evitarse problemas con sus vecinos marítimos. Entre ellas, no darle tierra para bases militares a ninguna otra potencia, darle permiso a los Estados Unidos de intervenir en Cuba para "mantener un gobierno adecuado", pedir permiso antes de llevar cabo cualquier acción militar, y soltar tierra en el futuro para estaciones navales americanas. 

Por si fuera poco, también obligaba al gobierno cubano a "actuar para reducir las enfermedades infecciosas", lo cual, por cierto, fue una línea recurrente en las negociaciones Washington-Habana de la época. Así, en el tratado que establece la creación de Guantanamo (1934), se le da derecho a los americanos de declararse en cuarentena cuando les parezca necesario, todo para evitar contagios no deseados.


60% de la industria azucarera, era controlada por empresas Americanas



Para 1926, el 60% de la industria azucarera de Cuba era controlada por empresas Americanas. En 1933, hubo un golpe de Estado que habría de comenzar la época de influencia del General Batista en el gobierno, y que terminaría con la Revolución de 1959. Durante los siguientes diez años, Batista sería, primero, el comandante en jefe de las fuerzas armadas de la isla, y luego su presidente. Cuando, en las elecciones de 1944, el candidato del dedazo de Fulgencio no obtuvo la silla presidencial, el hombre se dedicó a vaciar las arcas cubanas para dejar mal parado al nuevo gobierno. En cuanto su sucesor tomó posesión del gobierno, Batista se fue, junto con su familia, a vivir una temporada en los Estados Unidos, sólo para regresar en 1948, participar en las elecciones, y luego perpetrar un golpe de Estado a tres meses de las siguientes.

Fulgencio Batista se dedicó, en sus siguientes siete años en el poder, a entregarle la isla aún más a los intereses de las empresas americanas que se establecían allí, destruyendo cualquier indicio de industria nacional. Aparte, florecieron toda clase de negocios que serían ilegales en Estados Unidos (como la prostitución, apuestas, y demás), pero se permitían en Cuba. En esencia, Batista se convirtió en el gangster más grande de la isla, que aparte era apoyado por Washington y tenía control del ejército. Se habla de alrededor de 20000 muertos ocasionados por eĺ régimen en ese último período de siete años. 

La historia de cómo Fidel Castro reunió a una diminuta fuerza expedicionaria en México, incluyendo al "Che" Guevara, la llevó a cruzar el Golfo de México en un bote destartalado en 1956, y la Sierra Madre a pie en los tres años posteriores es un tanto más famosa, aunque tiene sus tintes fantásticos.





El gobierno de Fidel (y el de su hermano Raúl, en menor medida) se usa hoy en día como ejemplo del comunismo represivo, pero pocos saben que en sus inicios, el movimiento revolucionario no tenía a los Estados Unidos por enemigo (aunque los Estados Unidos sí que veían al Movimiento 26 de Julio como sus adversarios encarnados, y suministraron al gobierno de Batista con tropas y armas). De hecho, negaba ser un movimiento comunista, y gozaba de gran popularidad entre el público estadounidense. Washington reconoció al gobierno, encabezado por Manuel Urrutia, con Castro de Primer Ministro, tan solo dos días (!) después de haber sido declarada la victoria sobre las fuerzas de Batista. 

Sin embargo, en los meses siguientes, Fidel Castro se convirtió en el favorito del pueblo cubano, superando al presidente Urrutia, que terminaría por renunciar a su cargo en favor del comandante revolucionario. Los principales roces con los intereses americanos ocurrieron durante esos primeros años de libertad. Sorprendentemente, Guantanamo siempre fue dejado en paz. Presumiblemente para evitar causar una provocación a los Estados Unidos. La Ley de Reforma Agraria cubana de 1959 dañó seriamente los intereses de muchos empresarios americanos, y la expropiación de las propiedades de varias petroleras tras su negativa a refinar petróleo soviético solidificaron la mala relación entre los gobiernos de la isla y su vecino continental. 

Así, Eisenhower comenzó a desarrollar una serie de planes para sabotear a Cuba, crear movimientos contrarrevolucionarios, e incluso asesinar a Castro, y a ponerlos en marcha. Uno de estos planes fue la famosa Invasión de Bahía Cochinos, que, sin embargo, fue llevada a cabo al principio de la presidencia de John F. Kennedy.





Kennedy, por cierto, fue asesinado a dos días de cumplir un mes de haber hablado de regularizar sus relaciones con Cuba en una entrevista que le dio a Jean Daniel, el 24 de Octubre de 1963. El día del asesinato, Jean Daniel estaba sentado lado a lado con Fidel Castro, y recibieron juntos la serie de noticias sobre el atentado y posterior muerte del presidente de Estados Unidos. Kennedy pudo haber sido el arquitecto de una verdadera paz entre su país y Cuba, respaldada por la Unión Soviética. El supuesto asesino, Lee Harvey Oswald, estaba casado con una rusa, vivió en la URSS por varios años, y fue llamado "simpatizante del Marxismo Castrista" horas después de que el gobierno haya declarado que él era el principal sospechoso de haber jalado el gatillo. 

De ahí en adelante, las relaciones con Cuba no mejoraron, y la propia Cuba se vio envuelta en una decadencia catastrófica cuando la Unión Soviética desapareció junto con sus apoyos materiales. En 2001, al principio de la era de Geroge Bush hijo, Guantanamo fue convertida de una base militar en una cárcel secreta, diseñada legislativamente para poder hacer ahí todo lo que públicamente es inaceptable. 

Hace tan sólo un año, Raúl Castro, y antes, también Fidel, hablaba de la imposibilidad de normalizar sus relaciones con los Estados Unidos, a menos de que el territorio de la Bahía de Guantánamo se le regrese a los cubanos. Aún esta semana, el día de la apertura de la Embajada de Cuba en Washington, Bruno Rodríguez, Ministro de Relaciones Exteriores del país caribeño, declaró que el levantamiento completo del embargo, el regreso del territorio ilegalmente ocupado de Guantanamo, el respeto total a la soberanía cubana, así como la compensación de los daños humanos y económicos a la gente de Cuba son condiciones fundamentales para la normalización de las relaciones entre los dos países.





Este movimiento de Obama no es, de ninguna manera, una expresión de arrepentimiento, o de culpa de los Estados Unidos por causado un bloqueo masivo y criminal a Cuba y su gente, sino una manera de asegurar la popularidad de su partido político en las elecciones que vienen el año siguiente. Por otro lado, acercarse a Cuba implica, en ojos de Washington, irrumpir en la antigua alianza de la isla con Rusia, que año con año agarra más fuerza.

Los años que vienen comprobarán la habilidad de los líderes cubanos de navegar la arena política mundial. La era de Castro parece cada vez más próxima a su fin. Fidel, que durante tantos años parecía inmortal, apenas y se deja ver en público una o dos veces al año, levantando sospechas de su muerte. Raúl Castro tampoco es ningún jovencito, e incluso él cambió el rumbo político de Cuba una vez que asumió el poder. Para Cuba sería perfecto mantenerse fuera de las zonas de influencia de las distintas potencias que se disputan el mundo en la actualidad, pero su ubicación geográfica, tal y como a México, entre muchos otros, le impide desalinearse. Los años que pasó en el bando de la Unión Soviética, fuerte pero lejana, probaron ser supervivencia, más que florecimiento, y el pueblo está más harto que nunca. 

Ahora es cuando las opciones están en la mesa para Cuba. ¿Volverá a ser una especie de colonia americana, destinada al turismo y la mano de obra barata? ¿Continuará bajo un violento embargo americano por otros años más, hasta que Guantanamo deje de ser un problema, y acepte las condiciones que les imponga Washington? ¿Logrará, finalmente, quitarse de encima las cadenas que han atado a la isla a una u otra potencia extranjera durante toda su existencia? ¿Qué piensan ustedes?



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